El interín que nadie filmó (Español)

· Tony Esquivel Yazbeck

El tema circula ya en todas partes: en la sobremesa familiar, entre compañeros de trabajo, en las salidas con amigos. La humanidad contempla la inteligencia artificial con una mezcla inquieta de temor y entusiasmo, como quien observa un horizonte que promete maravillas y, al mismo tiempo, amenaza con redibujar el mapa de lo que somos. Prefiero mirar el porvenir con optimismo, pero el optimismo sin realismo es solo un adorno. Conviene examinar, con lucidez, los riesgos que acompañan esa promesa.
Hace unos días le comentaba a mi esposa lo curioso que resulta el papel del cine como ensayo general de la historia. El séptimo arte nos adiestró para la épica galáctica: sagas, naves, sables láser y droides que ya sentimos casi familiares. También nos reconstruyó el pasado: películas del viejo oeste, o Caballo de Troya. Y, sin embargo, casi nadie —al menos en el imaginario popular que yo conozco— se detuvo a narrar el medio. Esa etapa interina en la que aún no viajamos de planeta en planeta ni convivimos con robots como quien convive con un electrodoméstico. Llegó la IA y, de pronto, habitamos un interregno que nadie ensayó en pantalla: el tránsito entre la sociedad que sobrevivió la pandemia del 2020 y esa civilización de Los Supersónicos que todos vimos de niños. Sabemos, o creemos saber, cómo termina la historia. Lo que no sabemos es cómo se ve el proceso de convertirnos en esa otra sociedad.

¿Qué puede hacer, entonces, el profesional de hoy?
Las opiniones se polarizan: hay resistentes feroces y entusiastas incondicionales. Da igual. La historia sugiere que la marea suele ser más fuerte que los diques. Una y otra vez la humanidad ha avanzado empujada por la curiosidad, por el afán de explorar, incluso por esa imprudencia fecunda de quien acepta un riesgo absurdo con tal de ganar un palmo de territorio nuevo. Así llegó Colón a América: no por certeza, sino por un espíritu aventurero que no se detuvo ante la posibilidad de naufragar. El ser humano, cuando vislumbra un desenlace y un objetivo, tiende a estirar sus límites hasta alcanzarlos. Sabiendo eso, y con independencia de tu juicio personal, te recomiendo "surfear" la ola en lugar de forcejear contra ella. Quien se planta de frente a la corriente termina, casi siempre, arrastrado por ella.

¿Cómo prepararse?
Como siempre nos hemos preparado para las mutaciones grandes de la civilización. En 1784 asomaron las primeras máquinas de vapor; el ferrocarril y la industrialización desordenaron el mundo del trabajo y dejaron atrás a quienes solo sabían ofrecer fuerza bruta en una línea de producción. Esas personas se desplazaron, se reinventaron y aprendieron a navegar la nueva corriente. Sería ingenuo, no obstante, asumir que el precedente se repetirá de manera idéntica. ¿Qué quiero decir con eso? Me refiero a que esta vez la tecnología no amenaza únicamente el músculo: amenaza también el raciocinio, que era, precisamente, el último factor competitivo de buena parte de la fuerza laboral contemporánea. Una mirada retrospectiva lo deja claro. Antes del siglo XVIII, más del 90 % de los empleos exigían esfuerzo físico. Hoy esa proporción ronda, en promedio mundial, entre el 60 % y el 70 %. Más del 30 % de la población mundial trabaja hoy frente a una pantalla o requiere el mínima uso de fuerza física. Durante siglos la tecnología pudo sustituir brazos, no tanto cabezas. Con lo que algunos llaman la 5ta revolución industrial )(IA), por primera vez el ser humano podría verse sin una vía clara para aportar valor económico ni con su cuerpo ni con su juicio. En ese escenario no sería descabellado imaginar tasas de desempleo que trepen, de forma progresiva, hacia cifras tan duras como un 40% y hasta más. Hay quienes responden que ese desempleo vendrá acompañado de una prosperidad tan abundante que neutralizará el golpe con deflación agresiva. La hipótesis no es descabellada tampoco: si la producción de bienes y servicios se automatiza casi por completo gracias a la IA y la robótica, el costo de la vida podría tender hacia un mínimo extraordinario. El problema es el trayecto. Entre el desempleo masivo y la abundancia hay un intervalo que no tiene por qué ser cómodo. La prosperidad puede tardar más en llegar de lo que el deterioro tarda en instalarse. Se vuelve, entonces, una carrera contra el reloj: lo mismo que nos pone en riesgo es, paradójicamente, lo único que puede sacarnos adelante. Suena fatalista, lo sé. La intención no es profetizar catástrofes, sino posicionarse con inteligencia ante un futuro que nadie posee con certeza. Lo más sensato es leer las cartas disponibles y jugar con ellas la estrategia. Por acá algunas ideas:

1. Aprenda un poco de tecnología todos los días. No solo de IA, aunque preferiblemente sí. El profesional del mañana estará, con alta probabilidad, entrelazado con herramientas avanzadas: no el uso superficial de un chatbot, sino sistemas que multipliquen eficiencia e impacto. Conviértase, poco a poco, en un híbrido: parte tecnófilo, parte experto en la disciplina que ya ejerce.

2. Experimente de verdad. No se limite a reemplazar una búsqueda en Google por una pregunta a ChatGPT. Use lo que vaya aprendiendo para construir algo útil: un flujo de trabajo, un prototipo, un hobby llevado más lejos. Las habilidades que no ensucian las manos para ser adquiridas, rara vez se convierten en ventaja.

3. No luche contra la marea. Las convicciones personales, filosóficas o políticas no deberían sabotear su capacidad de seguir siendo demandado, ni la de que su negocio siga siendo competitivo. La historia está llena de fracasos corporativos escritos por la terquedad. En 1975, un ingeniero de Kodak construyó uno de los primeros prototipos de cámara digital. La dirección no le dio prioridad y siguió aferrada al rollo. Kodak sí acabó entrando en la fotografía digital y en 2005 era líder en ventas de ese segmento; pero ya era muy tarde, los márgenes ya no sostenían el imperio y en 2012 se declaró en quiebra. Blockbuster, líder en "videoclubs" con más de nueve mil tiendas en 2004, recibió en el año 2000 una oferta de Reed Hastings para comprar Netflix. Los directivos lo tomaron a broma y lo rechazaron. Una década después, el gigante del videoclub había sucumbido ante Netflix. La moraleja es cruel pero sincera: negarse a participar en la innovación suele ser una sentencia, no una postura heroica.

4. Pida ayuda. Hay quienes han invertido horas, hecho pruebas y proyectos en este terreno y pueden acortar el camino. Georges Morris Consulting se dedica a llevar negocios y personas al máximo de su potencial, poniendo la tecnología a su favor en lugar de dejar que opere en contra.


Nadie conoce el futuro con firmeza. Lo más razonable no es adivinarlo, sino volverse resiliente: estar en condiciones de adaptarnos, pase lo que pase, y de no quedar varados en la orilla mientras la marea sigue su curso.


¡Que el mercado te acompañe!

~Tony Esquivel Yazbeck | CEO

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